Ensayo que escribí con las intenciones y expectativas que tenía sobre la Ruta Inka, requisito para poder ser seleccionada.
Recuerdo que hace mucho leí que para alguien la vida es como un tren, un tren en donde no importaba tanto el destino, sino el trayecto: ¿Por qué preguntarse qué se ganará al final o a dónde se llegaría si dentro y desde ese tren se podría conocer gente tan diversa, ver caminos y paisajes tan enternecedores? Desde ese momento empecé la gran tarea de identificar aquellas cosas que me hacían sentir viva, realmente viva; así que me decidí a disfrutar de esos paisajes y de esas gentes…
Haber nacido aquí es un privilegio, cada día me sorprendo más de los matices que puedo encontrar tan solo en mi ciudad, matices producto de un país con tanta historia, tantas voces, colores y aromas, de gente luchadora... Los prefijos ``mega´´ y ``pluri´´ son los únicos con los cuales se podría hablar de nuestra cultura o de nuestra diversidad. Me fascina la idea de ir a la vuelta de la esquina y encontrar a un Perú en la señora que vende frutas, siempre dispuesta a hablarme del lugar donde nació, allá en Puno; o escuchar el dejo característico de otro Perú en la voz de otra mujer, de Junín, que atiende uno de los kiokios de la universidad… Sus voces, sus sonrisas y rasgos me envuelven y acercan a esos lugares tan remotos donde imagino que el tiempo se pierde junto con el sol, donde los paisajes se tornan místicos tanto como sus lugareños.
Decidí estudiar biología porque la ciencia es otra de mis pasiones, soy de humor curioso e investigador: miro a mi alrededor y surgen muchas preguntas que me animan a intentar tocar el mundo en búsqueda de respuestas. Por otro lado, la naturaleza me cobija y me inspira; luchar por su conservación es una de mis prioridades…heme así no dividida, sino unida por dos imperantes perspectivas del mundo. De esta forma es que la geografía, la biodiversidad y la pluriculturalidad son características que me unen fuertemente a mi país. Amar al Perú es razón suficiente para querer dedicar mis esfuerzos a paliar de alguna forma sus carencias y mejorar su realidad.
Por eso digo que soy una antro-ecóloga, no sé si existe dicho término pero si así fuera ése sería mi sello de identidad: soy una antropóloga y ecóloga a la vez: las personas, si te das la oportunidad de conocerlas, te pueden enseñar a comprender acerca de uno mismo y la naturaleza, por su parte, darte mucha paz.
Recuerdo que ya desde muy pequeña tenía una fuerte atracción hacia la vida de campo. Solía acompañar a mi abuela en sus viajes a Cañete (sur de Lima), con el privilegiado asiento cerca de la ventanilla, a visitar a sus padres y el hecho de verlos sanos y contentos en su ambiente y que éste fuera tan hermoso a sólo un par de horas de Lima, hacía que me sintiera parte de ese mundo. Recuerdo también con nostalgia a mi bisabuela y su entereza, que la llevaba a levantarse muy temprano para realizar la larga faena de cada día. Recuerdo que desde que dejábamos (con mi abuela) el colectivo yo entraba en una metamorfosis y pasaba a ser Indiana Jones versión peruana (y femenina) y sorteaba con ahínco una serie de trochas que pasaban desde piedras ovaladas y circulares hasta riachuelos de aguas tranquilas, troncos que hacían de puentes improvisados para cruzar ríos de verano y se me hacían benditas las cañas que me ayudaban a andar sobre el camino de lodo hasta una pendiente de tierra que te llevaba a un mundo donde reinaban las uvas, las manzanas, los nísperos y el frejolito verde…Una linda infancia; aquellos viajes fueron las mejores experiencias de mi niñez.
Deseo que Ruta Inka sea parte de ese camino que debe tomar mi tren, donde pueda disfrutar de compartir con jóvenes que como yo gocen de esa experiencia; la que para mi equivaldría a observar y admirarme, como siempre, de mi gente, de su cosmovisión milenaria, de la geografía de sus terrenos, de su historia, de reencontrarme con ella… en fin, de lo fácil de compartir.
Recuerdo que hace mucho leí que para alguien la vida es como un tren, un tren en donde no importaba tanto el destino, sino el trayecto: ¿Por qué preguntarse qué se ganará al final o a dónde se llegaría si dentro y desde ese tren se podría conocer gente tan diversa, ver caminos y paisajes tan enternecedores? Desde ese momento empecé la gran tarea de identificar aquellas cosas que me hacían sentir viva, realmente viva; así que me decidí a disfrutar de esos paisajes y de esas gentes…
Haber nacido aquí es un privilegio, cada día me sorprendo más de los matices que puedo encontrar tan solo en mi ciudad, matices producto de un país con tanta historia, tantas voces, colores y aromas, de gente luchadora... Los prefijos ``mega´´ y ``pluri´´ son los únicos con los cuales se podría hablar de nuestra cultura o de nuestra diversidad. Me fascina la idea de ir a la vuelta de la esquina y encontrar a un Perú en la señora que vende frutas, siempre dispuesta a hablarme del lugar donde nació, allá en Puno; o escuchar el dejo característico de otro Perú en la voz de otra mujer, de Junín, que atiende uno de los kiokios de la universidad… Sus voces, sus sonrisas y rasgos me envuelven y acercan a esos lugares tan remotos donde imagino que el tiempo se pierde junto con el sol, donde los paisajes se tornan místicos tanto como sus lugareños.
Decidí estudiar biología porque la ciencia es otra de mis pasiones, soy de humor curioso e investigador: miro a mi alrededor y surgen muchas preguntas que me animan a intentar tocar el mundo en búsqueda de respuestas. Por otro lado, la naturaleza me cobija y me inspira; luchar por su conservación es una de mis prioridades…heme así no dividida, sino unida por dos imperantes perspectivas del mundo. De esta forma es que la geografía, la biodiversidad y la pluriculturalidad son características que me unen fuertemente a mi país. Amar al Perú es razón suficiente para querer dedicar mis esfuerzos a paliar de alguna forma sus carencias y mejorar su realidad.
Por eso digo que soy una antro-ecóloga, no sé si existe dicho término pero si así fuera ése sería mi sello de identidad: soy una antropóloga y ecóloga a la vez: las personas, si te das la oportunidad de conocerlas, te pueden enseñar a comprender acerca de uno mismo y la naturaleza, por su parte, darte mucha paz.
Recuerdo que ya desde muy pequeña tenía una fuerte atracción hacia la vida de campo. Solía acompañar a mi abuela en sus viajes a Cañete (sur de Lima), con el privilegiado asiento cerca de la ventanilla, a visitar a sus padres y el hecho de verlos sanos y contentos en su ambiente y que éste fuera tan hermoso a sólo un par de horas de Lima, hacía que me sintiera parte de ese mundo. Recuerdo también con nostalgia a mi bisabuela y su entereza, que la llevaba a levantarse muy temprano para realizar la larga faena de cada día. Recuerdo que desde que dejábamos (con mi abuela) el colectivo yo entraba en una metamorfosis y pasaba a ser Indiana Jones versión peruana (y femenina) y sorteaba con ahínco una serie de trochas que pasaban desde piedras ovaladas y circulares hasta riachuelos de aguas tranquilas, troncos que hacían de puentes improvisados para cruzar ríos de verano y se me hacían benditas las cañas que me ayudaban a andar sobre el camino de lodo hasta una pendiente de tierra que te llevaba a un mundo donde reinaban las uvas, las manzanas, los nísperos y el frejolito verde…Una linda infancia; aquellos viajes fueron las mejores experiencias de mi niñez.
Deseo que Ruta Inka sea parte de ese camino que debe tomar mi tren, donde pueda disfrutar de compartir con jóvenes que como yo gocen de esa experiencia; la que para mi equivaldría a observar y admirarme, como siempre, de mi gente, de su cosmovisión milenaria, de la geografía de sus terrenos, de su historia, de reencontrarme con ella… en fin, de lo fácil de compartir.

1 comentario:
Recordar es volver a vivir...y mucho mejor si los recuerdos pertenecen a una aventura inolvidable. Saludos Vanessa :D
Publicar un comentario