9.04.2008

Jueves 10/07/08

PIURA: Chulucanas...Carrera de motos!

Me desperté a las 5 de la mañana con mucho frío; había dado el sleeping a mi abuela, que estaba en el camarote adyacente; era la última noche que pasaba conmigo y era preferible que se abrigara para contrarrestar al refrío que había cogido. Probablemente, al verme moviéndome de un lado para el otro, tiritando, me lo cedió y es allí cuando dormí en realidad, por dos horas.

El lugar que nos proporcionaron es un auditorio al que habían condicionado para nosotros, los 60 y pico expedicionarios, con camarotes dispuestos ordenadamente por todo el recinto. Debo admitir que fue un poco extraño el hecho de tener a chicos de distintas nacionalidades durmiendo juntos en un solo lugar, compartiendo experiencias, opiniones y por qué no olores, ronquidos y otras cosas que en comunidad no suelen aguantarse normalmente. En fin, una gran prueba de tolerancia en todos los aspectos.
Subimos al bus.

Mientras escribo esto, veo de rato en rato el atrayente bosque seco surcado por esta carretera hacia Chulucanas y, observando a los expedicionarios hablando y riendo entre sí, me confirmo la idea de que ésta será una gratificante experiencia.

Después de 45 minutos en el bus bajamos de él para tomar, agrupados de tres en tres, unos mototaxis que nos habían estado esperando. Siento en el aire la emoción de algunos a los que pareciera ser su primera vez en este tipo tan curioso de transporte. Al rato nos vimos todos envueltos en una aguerrida carrera de motos, así como lo digo, carrera de motos. Unas ansias por llegar primero se apoderaron de nosotros y aplaudíamos, pifiábamos y nos gritábamos entre todos por dejarnos atrás, las sacadas de lengua no se hicieron esperar. Alentábamos a nuestro chofer, quien con una sonrisa de placer miraba a su colega pues ya lo había pasado; así es como llegamos a estar muy delante nos sin tener miedo porque la velocidad realmente era un poco alta como para causar un accidente. El júbilo habrá durado sus buenos 20 minutos hasta llegar a La Encantada, a 5km de Chulucanas, donde las autoridades del lugar nos tenían preparado una recepción la que acompañamos con un delicioso pisco sour. De verdad, jamás había probado uno tan delicioso como aquel, me imagino que debido a que, como uno de los hombres que participaba de la recepción nos había explicado, se había utilizado en su preparación el limón norteño que se producía orgullosamente en aquella zona. Para qué, me encantó.

La Encantada como término apareció hace mucho como la alternativa de algunas autoridades de antaño de evitar que la gente viviera por estos lares pues le atribuyeron falsamente apariciones de otro mundo nada apetecibles. A lo que se atribuye la presencia tradicional y numerosa desde siempre de curanderos en el distrito. Luego fuimos a un taller de cerámica, el que pertenecía a un proyecto para organizar y dar enfoques sostenibles a esta manifestación artística muy arraigada entre los lugareños. El objetivo del proyecto es hacer de estos ceramistas, herederos de la cultura Vicús, los forjadores de una forma de, a través de su arte, aliciente para mantener vivas su cultura, sus manifestaciones y formas de ver la vida. Algunos chicos tuvieron la oportunidad de, después de observar el mecanismo, aventurarse a crear ‘’algo’’ con la arcilla. El hombre que nos explicaba estas cosas tenía dentro de sí el espíritu de alguien que amaba el lugar donde había nacido, y que quería para su pueblo lo mejor. Es un experto en turismo que veía en la cerámica ‘’chulucanas’’, que era como se le estaba denominando, un gran potencial para realzar la actividad turística en la zona. Además, decía que era también potencialmente aprovechable el recurso natural que rodeaba a la localidad pues poseía una belleza si igual; se refería al bosque seco. Incentivar caminatas, paseos a caballo y campings eran algunas de sus propuestas. Logró entusiasmar a muchos chicos que lo oían, y las preguntas no se hicieron esperar; fue allí cuando me di cuenta que los chicos que me rodeaban no esperaban una experiencia turística habitual, para eso existen las agencias de turismo, sino que deseaban conocer el alma misma de los pueblos a través de su cultura, beber de ella, llenarse a chorros de esa experiencia. Lo menos que querían era ver a un pueblo prostituyéndose a la sazón del turismo, en ese caso un mal turismo, degradándose a causas de él para que los foráneos estén contentos y los vean como ‘’cosas’’ exóticas a las cuales fotografiar.

Salimos del lugar, también en moto y con la misma alegría aunque ya no tan entusiastas como la primera vez. Ahora nuestro conductor se desvió del camino para seguir un sendero que parecía ser un atajo pero que en realidad nos hizo llegar más tarde; aunque sí nos obsequió una vista de la gente en plena realización de sus faenas agrícolas, además de carretas llevadas a duras penas por burros, cargadas con la cosecha del día.

Luego ascendimos por un cerro literalmente amarillo, por la paja que llevaba encima y desde donde se podía tener una vista impresionante de la localidad de Chulucanas. Por la tarde almorzamos en un restaurante turístico, con la compañía de las guías y del alcalde que nos sorprendió con un CD donde se podía escuchar su interpretación de boleros conocidos. Yo esperaba un cebiche, emblema de la comida norteña, pero igual tuvimos frente a nosotros un rico almuerzo.

Por la tarde fui a dejar en la agencia a mi abuela para que tomara el bus de regreso a casa, no sin antes me diera las recomendaciones respectivas para el resto de mi travesía. Al verla partir una extraña soledad se apoderó de mí.

En la noche teníamos preparado un festival de danzas: internacionales, peruanas de la costa, sierra y selva. Particularmente me gustaron las afro peruanas por la versatilidad envueltas de fuerza y erotismo de una forma tan particular. Fue allí cuando conocí a Cecilia, una jovial arequipeña a la que le gustaron mis aretes de caracol. Con ella improvisamos movimientos negros desde nuestros asientos guiadas por la atrayente música. Seguidamente nos invitaron a pasar a la Municipalidad de Piura donde degustamos empanadas y jugos, fue extraño pues parecía que iba a haber para nosotros algunas palabras de bienvenida (aunque no las deseábamos) pero éstas no se dieron. Solo fue la voz de Marta diciéndonos que teníamos la noche libre y que el bus estaría a una hora determinada en la plaza para recogernos. Nos fuimos un grupo a cenar, pero algo delicioso estaba en nuestras mentes. Optamos al fin por una pizzería donde conocí más al grupo. Un gracioso Adrián que con una bandera como capa hacía poses de héroe español o Priscila, también española que te cautivaba con su fina voz y ese ''Oh, sí, nena'' …


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