SAN MARTÍN: Moyobamba y la Casa del Terror
Son las 6 de la mañana y el alarma de mi celular resuena en toda la habitación. Debemos levantarnos temprano para partir hacia Moyobamba, la capital de esta linda región. Son dos horas de bus rodeados de un atrayente paisaje tropical. Avanzamos serpenteando a la par del Río Mayo. Al paso encontramos numerosos pequeños poblados y, a los lejos, pequeñas áreas de bosques vírgenes acorralados por sembríos que se abren paso en forma desafiante a la naturaleza. Jessica, una de nuestras acompañantes de la Universidad de San Martín, me comenta que por esta zona predominan los cultivos de arroz y plátano. Me dice también que en la creencia colectiva del poblador rural hay un gran respeto hacia la anaconda, personaje que está envuelto en algunas leyendas que hacen temer su presencia. Al igual que el manatí que adopta la apariencia de una sirena que atrae con su belleza al hombre que osa pescar en sus aguas.Volviendo a la deforestación, ésta me aturde pues llega a niveles alarmantes. Hace un par de días, en las instalaciones del Instituto para el Desarrollo y la Paz Amazónica, me senté a conversar con Roberto Lay, uno de los encargados del lugar y quien supuse me podría dar un alcance de la situación de la agricultura y la deforestación en San Martín. Me convencí de la importancia de hacer algo por el estado de nuestros bosques amazónicos. Sucede que en los alrededores de ciudades tan grandes como Tarapoto ocurre un fenómeno denominado ‘colonización’: personas sobretodo provenientes de los andes que, al dejarse admirar por el verdor y una idea errónea que liga a los bosques con productividad, migran hacia estas zonas de la selva alta y baja y, bajo la técnica del roza y quema, deforestan hectáreas enteras de prístinos bosques. La desesperanza es grande cuando al cabo de la tercera, cuarta o quinta (depende del caso) ronda de cosecha se dan cuenta de que la tierra no da para más; y se ven obligados a trasladarse a otros bosques a talar-quemar. El círculo vicioso comienza y como resultado tenemos un profundo hoyo de la pobreza del cual esta gente difícilmente puede salir y, a la vez, áreas inmensas de bosques talados que en pie valdrían mucho más por aprovechamiento de biodiversidad, bonos de carbono, ecoturismo, agentes purificadores del recurso hídrico y como resistencia al embate de los huaycos. La situación se ve claramente al observar grandes áreas a ambos lados de la carretera, otrora bosques, que ahora no son más que tierras desgastados por la inclemencia de las fuertes lluvias que convirtió a nada la poca productividad que poseían. La IDPA posee proyectos para remediar un poco esta situación. Entre otras cosas, se dan capacitaciones a los campesinos acerca de productos alternativos que se pueden cultivar y que son más adaptados a las tierras de la selva alta, ecorregión a la que pertenece San Martín; de eficientes formas de riego y capacitación en formas de organizarse para vender mejor sus productos y de ser posible exportarlos. Me quedó claro que una buena campaña de concientización también es importante para mostrar al poblador amazónico acerca de la importancia de cuidar su bosque, de mantenerlo en pie pues el proceso de deforestación es irreversible y lamentable por lo mucho que se pierde con esta actividad.
Llegamos a la plaza de armas de Moyobamba, la cual en el medio posee una orquídea gigante de cemento que nos dice que hemos llegado a la Ciudad de las Orquídeas. Sin embargo, no nos agrada la idea de andar con nuestras mochilas cargándolas unas cuadras hasta el hotel Atlanta donde al parecer nos quedaremos. Al llegar allí una elección rápida hace que los que no se apuntaron rápidamente tengan que ir hacia otro hostal. ‘’La casa del maestro’’ nos recibió con sus escaleras y pisos de madera que crujían a nuestro paso. Éramos cerca de 20 personas las que tuvimos la ‘suerte’ de que nos tocara dormir en esos camarotes cuyos colchones, negros y delgados del uso, despedían polvo al contacto. Dormir sin sleeping no era una buena opción. Más tarde nos enteraremos que de en una de las dos habitaciones donde estaban estos camarotes habían aparecido asustadizas ratas que hicieron de que me traslade junto con otras chicas más hacia la otra habitación. Cuídenos ‘Señor de los Mochilones’ escuché decir a Pablo, de España. Sólo esperábamos llegar tan cansados de las actividades de hoy que al regresar conciliemos el sueño sin darnos cuenta de en dónde lo hacemos. Después de desayunar fuimos a la Naciente del Río Tioyacu, en la provincia de Rioja, a 20 minutos en auto. Un lugar muy bonito donde uno podía bañarse en sus pozas y cascadas. El agua era muy fría pero muchos se animaron a balancearse en unas lianas o a dejarse caer por una cascada con una cámara de llanta. Luego Chuchúwasi, un centro de esparcimiento, nos entretuvo con sus tragos exóticos. Yo estaba fresquísima del baño en Tioyacu que sólo deseaba comer y dormir. Pero los planes eran otros: Nos esperaban los Baños Termales de San Mato; allí nos pusimos en fila a darnos masajes unos a otros, sus calientes aguas terminaron por confortarme hasta el punto de llevarme a dormir plácidamente en el camino de regreso.
¿La ruta Inka, una estafa?Como retribución a haber tenido la desdicha de pernoctar en la ‘’Casa del Terror’’ (ya algunos empezábamos a llamarle así) esa noche se nos concedió cenar en el hotel Atlanta; allí nos dimos cuenta de la gran diferencia entre ésta y la que nos había tocado. Luego se dio paso a una reunión de grupo; sí, una reunión para tratar temas espinosos pero de rigor, pues el descontento acerca de la ruta en general se hacía notar en algunos de nosotros y era menester aclararlos. La idea de que estábamos siendo estafados flotó en el aire, muchos se imaginaban antes de venir que ésta era una travesía llena de aventuras; a decir, caminatas duras, noches de camping e integración con pueblos indígenas. Mas esto no se daba pues la mayor parte del tiempo nos las pasábamos en bus, dormíamos en cuarteles militares, las caminatas eran escasas (al menos lo percibí desde que me uní a la ruta, una semana después de haber empezado) y de la integración, solo podíamos hablar de la que había entre los expedicionarios que, y eso nadie lo dudaba, de por sí era muy enriquecedora. Es cierto que quejas hasta estas alturas del viaje había escuchado, pero a la mayoría las consideraba superficiales como cuando a algunos les chocaba dormir o comer no tan. No me había puesto a analizar que, como explico líneas arriba, algunos de los objetivos principales no se estaban cumpliendo; creo que me dejé llevar por la simple admiración que me causaba el viajar. Pero, me dije, si ésta estuviera llena de esa ‘aventura’ que algunos exigen, claramente ésta sería una experiencia aún más maravillosa. Aunque, sí, como también se expresó, los 250 dólares o euros (para europeos) que se nos cobraba como derecho de inscripción eran demasiado poco para lo que nos ofrecía esta ruta. Además, el nivel de desorganización que existía y que era lo que explicaba la falta de sentido hacia la búsqueda de esos ‘objetivos principales’ era comprensivo hasta cierto punto dadas las factores que lo creaban: En primer lugar, Rubén la Torre, el director que se embarcó sólo en la realización de este sueño, está así, totalmente sólo, buscando apoyo de las autoridades él mismo en un país donde las prioridades se entremezclan y donde ideas tan brillantes como las de esta empresa no son escuchadas pues exigen un cierto nivel de inversión. La ganancia a esa inversión, me di cuenta desde los primeros días, es grande, pues las autoridades que nos acogieron y las que lo harán adquieren una particular experiencia que los ayuda a hacer más eficaces en cuanto a turismo se refiere; a decir, que hay un involucramiento directo con estos jóvenes (o sea nosotros) donde pueden saber acerca de nuestros intereses e inquietudes como visitantes. Por otro lado, como ha sucedido hasta ahora, se han asignado grupos de acción (guías y organizadores) para llevar a acabo estas recepciones que nos tenían preparadas; sean escolares o universitarios ellos han aprendido y a la vez se han impregnado de ese nuestro intercambio cultural. Y, por último, deja la idea en la población de que en el lugar donde viven hay realmente un potencial turístico por explotar y se llenan de ese espíritu de recibimiento al visitante necesario para la actividad turística (claro, esto sucede cuando los sitios por los que pasamos no tienen mucha experiencia en el área). Así que sería muy incomprensivo de nuestra parte calificar de estafa a la Ruta Inka, dadas las circunstancias en las que se fomenta. (ALGUNAS REFLEXIONES AÑADIDAS POSTERIORMENTE. PUES VI CONVENIENTE ACLARARLAS DESDE ESTA PARTE DE MIS CRÓNICAS PARA DARLES UNA IDEA MAS CLARA, DESDE MI PUNTO DE VISTA, SOBRE LA ORGANIZACIÖN DE LA RUTA INKA)
Como conclusión y sugerencia se dijo que en lo que seguía pidiéramos el programa de actividades, lo evaluáramos y propusiéramos a Rubén cambiar algunos puntos que fueran posibles por otros que podrían ser de mayor aprendizaje para nosotros. No obstante, esto no sucedió.
Después de todo, coordinamos sobre lo que haríamos mañana. Visitaremos La Reserva Ecológica Río Avisado - Tingana. Para esto nos separaron en dos grupos, uno por la mañana (que me incluía) y otro por la tarde.

No hay comentarios:
Publicar un comentario