ANCASH : Chimbote y la Universidad del Santa.
Fue pesadísimo llegar a media noche a la Universidad del Santa para despertarnos, salir del bus, cargar mochilas hasta el Auditorio y buscar colchón para volver a conciliar sueño.Hoy nos levantamos y tras desayunar fuimos hacia la plaza de Chimbote donde nos esperaba una bienvenida por parte de la Municipalidad. Los estudiantes de la Universidad Los Ángeles de Chimbote (ULADCH) nos acompañan a hacer un city tour. Hacía frío y el mar, muy cerca, despedía un cierto olor a pescado por ratos poco agradable. Prensa, palabras de bienvenida y una banda tontamente ruidosa, se sucedieron en la plaza de armas. Un hombre que al ver la oportunidad de darle a su negocio publicidad nos hizo un ofrecimiento espontáneo del ceviche de mañana. Caminamos mientras nos explicaban más acerca de la ciudad y del realce que se le estaba dando para mancillar la mala fama que se había ganado por la contaminación de sus mares y por los robos constantes en la ciudad. Muestra de ello era el malecón, en donde un tipo de arquitectura vanguardista, por la extraña forma de sillas, faros y miradores, te hacía creer en graciosas las analogías que le hacían nuestros guías. El mirador en forma de la parte delantera de un barco hizo que improvisados Jack´s y Rose´s aparecieran para el abrazo y la foto del recuerdo. Las olas retumbaban contra las piedras y el aroma marino empalagaba el olfato. Una de las estudiantes me contaba que entre los pescadores cabe la creencia en la existencia de una sirena a la cual, para que se aleje y así evitar que te haga daño, hay que desnudarse frente a ella. Extraño, digo yo. Me cuenta, además que cerca hay unas loberas, islas con lobos, donde puedes observarlos; pero para hacerlo debes reservar con anticipación un permiso con la Marina de Guerra pues ese tipo de excursiones recién se están implementando para el turismo.
Después de ver danzas y disfrutar de unos graciosos tunos en el auditorio de la ULADCH nos fuimos para comer; el Vivero Forestal nos tenía preparada una deliciosa comida, puré con carne asada. Y así, estando ya satisfechos, otra vez la llamada del bus nos hacía subir para ir ahora hacia las dunas de Coishco, donde practicaremos el patinaje sobre arena. No había caída que se escapara de lo cómico y que no nos sacara carcajadas. Desde caída de bruces contra la arena, gritos escandalosos, una heridilla por allí hasta saltos extraños; todos nos hacían reír hasta llorar. En mi caso, algo sucedió con mi tabla que quedó atrapada en la arena al poco tiempo lanzarme y junto con mis piernas adheridas y también sumergidas en la arena no querían salir.Llenos de arena hasta en donde no llega el sol estábamos todos y era de rigor una ducha. Aquí también las vimos escasas. Por la noche tendríamos una pequeña bienvenida por parte de los alumnos de la Universidad del Santa, donde estamos durmiendo estos dos días de estadía en Chimbote. Llegada la hora, esperamos en el patio y como se oían de fondo las notas de una marinera invitamos a Lucía, la expedicionaria que, al igual que yo viene de Lima, a que se luzca: Salió y al rato nos dejamos admirar por sus pasos, qué bien baila esta mujer! Lilybeth, la chica piurana, para no quedarse atrás y como buena norteña salió a hacer las veces de pareja masculina, el sombrero que se traía de Catacaos la ayudaba. Y juntas el despliegue marineriesco nos envolvió. Aplausos. Y, al rato otra marinera, la pareja de estudiantes que nos la iba a bailar esperaba para salir a hacer lo que bien sabían; pero, como no queríamos parar de ver invitamos nuevamente a Lucía a que salga pero esta vez con el chico que acababa de bailar. Y ahí fue cuando la experiencia de tantos concursos de la limeña me dijeron que éstos son suficientes como para que, sin verse antes, ambos, hombre y mujer, coordinen de tal forma que aquel romance representado en el baile parezca real. Al rato salió también a demostrar sus dotes flamencas la española Covadonga. La voz melodiosamente triste de Camarón, un famoso ‘cantaor’ español, acompañado de esos frenéticos y a la vez sensuales pasos de una Covadonga que sentía en el alma aquella voz, te narraban historias de árabes poblando España y dejando rastros de su música. Silencio. Más música. Somos jóvenes y la música, misma expresión de meros sentimientos humanos, aferraba más nuestra hermandad. Pusieron música latinoamericana, de esa que con zampoña, quenas, tambores y otros artefactos te lleva hacia los albores del folclor andino. Algunas chicas salimos a bailarlos. Un derroche de espontaneidad se quedó en el aire y, por ello, pasos dispersos y sacados de la nada brotaban de nuestros cuerpos al son de aquella canción…’’Cuando florezca el chuño…’’. Es que seguramente la necesidad instintiva de los cuerpos de desplegarse a sus anchas hizo que las danzas, manifestaciones de las culturas, nazcan. Jonathan, argentino que reside en México sacó una especie de bochas para hacer malabares y Sara, de España, ondeaba armoniosamente y por todo su cuerpo unas cuerdas que en el extremo tenía amarradas pelotitas. Otros se dejaban enseñar. El juego de saltar la cuerda apareció de la nada y algunos de los españoles, que parecían expertos en jugarla, entonaban una canción de niños mientras lo hacían. Uno a uno se animaba. Esa noche no había actividades, ni palabras de bienvenida, ni antros; solo nosotros y las ganas de vivir.

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