PIURA : Oficialmente rutera…
La expedición inició su travesía el 2 de julio en Cuenca, Ecuador. Durante el transcurso de aquella primera semana de expedición estuve muy atenta a la página Web de la Ruta Inka y de la prensa por si había noticias de los chicos. Aún por esos días rondaba la incertidumbre acerca de si iba o no a la ruta, pues existía un miedo muy grande en mi familia por la seguridad que ofrecía ésta, empezando por cuán real era.
Finalmente hoy, miércoles 9, estoy en Piura con mi abuela quien, apelando a su afán proteccionista, se animó a acompañarme. Desde muy temprano permanezco despierta, debido a la dificultad de dormir bien en el bus. Así, desde las 6 de la mañana tengo viva la imagen del algarrobo pues se le encuentra por toda la ciudad de Piura, así también en el amplísimo bosque seco que rodea la ciudad.
Mi arribo a Piura se hizo sin problema alguno pues desde antes de tomar el bus había contactado con la madre de Lilybeth. Por teléfono, la voz de la señora me dio mucha confianza; incluso se ofreció en ayudarme a ubicarme en esta ciudad, nueva para mí. Amablemente nos acogió a mi abuela y a mí en su casa y nos invitó un rico desayuno. Su esposo y una de sus tres hijas la acompañaban, fue muy confortable estar con ellos. Tenía planeado recorrer parte de Piura ese día pero Wilfredo, el ‘’gerente general del área de marketing de ARI’’, me llamó avisándome que había conseguido una entrevista en América Televisión de Piura y que lo acompañaban Victoria y su padre. Voy a su encuentro y, tras previas coordinaciones, quedamos con los reporteros en vernos en el edificio del Gob. Regional para finalizar la entrevista. Allí fue cuando conocí a Rubén La Torre, el director de la Asociación Ruta Inka, un hombre que, atareado con las llamadas al celular, ultimaba detalles de las actividades para la expedición.
Por la tarde, con Victoria y su papá visitamos Catacaos, no sin antes hacer una parada en una casa de alfareros para ver cómo es que hacían grandes cerámicas en base a arcilla, cómo las moldeaban usando sus manos y una piedra para luego dejarlas cocer en grandes hornos hechos también de este material. Catacaos se caracteriza por sus abundantes tiendas de artesanía norteña de exquisita belleza y precios accesibles. Niños descalzos recorrían la Calle Comercio siguiéndote por una propina; uno en especial, que nos siguió buen trecho, poseía una notable invalidez la que era acentuada por la ternura de sus ojos. Pensé en ese momento que el andar con jóvenes extranjeros me iba a envolver de ahora en adelante en una burbuja, por así decirlo, que será perseguida por muchos vendedores ambulantes incluyendo niños que vendan algo o que pidan dinero. Vi algo curioso, lo que en principio me pareció un pasacalle por unas banderas coloridas y niñas vestidas de blanco delante de la muchedumbre que venía a paso lento y acompañados por una banda de música, fue volviéndose, mientras se acercaban a nosotros, en lo que realmente era: el recorrido de un difunto quizá muy querido, por la cantidad de gente presente. Nos hicimos a un lado para que pasaran por la Calle Comercio que es justamente la calle donde venden las artesanías. Divisé los rostros de las gentes; eran ésos los rasgos muy particulares de los antiguos piuranos que están claramente representados en su cerámica (sobretodo la de Chulucanas), donde los muestran bajitos, con cara redonda y pómulos salientes como de gente que sonríe siempre. La música funeraria que tocaba la banda por un momento me pareció ser más festiva que llena de gran pena por la pérdida. No había lágrimas entre la gente, solo un silencio sepulcral que acompañado de aquella música, al parecer fuera de tono, logró sacarme de tierra.
Más tarde.
Ahora mismo espero, en las afueras del cuartel Militar Grau, la llegada de los demás ruteros. Son las 10 pm y llevamos aquí más de tres horas pues el paro de hoy que ha azotado a todo el país ha causado algunos disturbios en la carretera que los está retrasando. Me acompañan, además de mi abuela, los padres de Lilybeth y su hermana Yining. Ellos traen consigo muchas cosas que Lilo dejó olvidadas y que son necesarias para el resto de la ruta. Están ansiosos de verla, así como yo de ver a los demás. Viki y su papá también esperan.
11:30 pm. Hasta que los vi. Uno a uno, ataviados con sus mochilas y otras pertenencias iban entrando al cuartel, se les veía cansados y era de esperar pues pasaron en el bus un buen rato. La espera para ellos también había sido eterna mientras la movilidad trataba de llegar a su destino, sorteando como sea al paro para no dejar a la intemperie a los chicos. Vi a la legión numerosa de españolas que se sentaron cerca de Viki y de mí a conocer a las nuevas expedicionarias, escuché algunas de sus anécdotas en Ecuador mientras nos íbamos presentando y ellas cenando y preguntándonos que por qué no nos habíamos unido antes a la ruta y de dónde éramos porque no les éramos caras familiares. Vi también el emotivo reencuentro de Lilo y sus padres. Y así, poco a poco, iba divisando esos rostros con los que compartiría muchas cosas en los próximos días.... Hasta que nos hicieron un llamado porque nos mostrarían la habitación y los baños que nos habían asignado en el cuartel. Marta, la monitora del grupo, nos informó de las actividades para el día siguiente.
La expedición inició su travesía el 2 de julio en Cuenca, Ecuador. Durante el transcurso de aquella primera semana de expedición estuve muy atenta a la página Web de la Ruta Inka y de la prensa por si había noticias de los chicos. Aún por esos días rondaba la incertidumbre acerca de si iba o no a la ruta, pues existía un miedo muy grande en mi familia por la seguridad que ofrecía ésta, empezando por cuán real era.
Finalmente hoy, miércoles 9, estoy en Piura con mi abuela quien, apelando a su afán proteccionista, se animó a acompañarme. Desde muy temprano permanezco despierta, debido a la dificultad de dormir bien en el bus. Así, desde las 6 de la mañana tengo viva la imagen del algarrobo pues se le encuentra por toda la ciudad de Piura, así también en el amplísimo bosque seco que rodea la ciudad.
Mi arribo a Piura se hizo sin problema alguno pues desde antes de tomar el bus había contactado con la madre de Lilybeth. Por teléfono, la voz de la señora me dio mucha confianza; incluso se ofreció en ayudarme a ubicarme en esta ciudad, nueva para mí. Amablemente nos acogió a mi abuela y a mí en su casa y nos invitó un rico desayuno. Su esposo y una de sus tres hijas la acompañaban, fue muy confortable estar con ellos. Tenía planeado recorrer parte de Piura ese día pero Wilfredo, el ‘’gerente general del área de marketing de ARI’’, me llamó avisándome que había conseguido una entrevista en América Televisión de Piura y que lo acompañaban Victoria y su padre. Voy a su encuentro y, tras previas coordinaciones, quedamos con los reporteros en vernos en el edificio del Gob. Regional para finalizar la entrevista. Allí fue cuando conocí a Rubén La Torre, el director de la Asociación Ruta Inka, un hombre que, atareado con las llamadas al celular, ultimaba detalles de las actividades para la expedición.
Más tarde.Ahora mismo espero, en las afueras del cuartel Militar Grau, la llegada de los demás ruteros. Son las 10 pm y llevamos aquí más de tres horas pues el paro de hoy que ha azotado a todo el país ha causado algunos disturbios en la carretera que los está retrasando. Me acompañan, además de mi abuela, los padres de Lilybeth y su hermana Yining. Ellos traen consigo muchas cosas que Lilo dejó olvidadas y que son necesarias para el resto de la ruta. Están ansiosos de verla, así como yo de ver a los demás. Viki y su papá también esperan.
11:30 pm. Hasta que los vi. Uno a uno, ataviados con sus mochilas y otras pertenencias iban entrando al cuartel, se les veía cansados y era de esperar pues pasaron en el bus un buen rato. La espera para ellos también había sido eterna mientras la movilidad trataba de llegar a su destino, sorteando como sea al paro para no dejar a la intemperie a los chicos. Vi a la legión numerosa de españolas que se sentaron cerca de Viki y de mí a conocer a las nuevas expedicionarias, escuché algunas de sus anécdotas en Ecuador mientras nos íbamos presentando y ellas cenando y preguntándonos que por qué no nos habíamos unido antes a la ruta y de dónde éramos porque no les éramos caras familiares. Vi también el emotivo reencuentro de Lilo y sus padres. Y así, poco a poco, iba divisando esos rostros con los que compartiría muchas cosas en los próximos días.... Hasta que nos hicieron un llamado porque nos mostrarían la habitación y los baños que nos habían asignado en el cuartel. Marta, la monitora del grupo, nos informó de las actividades para el día siguiente.


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