9.08.2008

Miércoles 16/07/08


SAN MARTÍN : La Reserva de Tingana


Fue decisión de todos pagar S/ 35 por la oportunidad de ir a la Reserva Ecológica Río Avisado - Tingana pues esta no se encontraba dentro de las actividades programadas por la ruta. Nos lo habían propuesto dos biólogos, nativos de Moyobamba, que eran, al igual que nuestros guías en Tarapoto, de la Universidad Nacional de San Martín. Son colegas míos, de ecología, y nos apoyaron durante nuestra estadía en Moyobamba.

Son las tres y media de la mañana y debemos ya alistarnos pues partimos hacia la Reserva a las 4. Adormilados aún nos dirigimos a la plaza de Moyobamba, donde nos esperan dos combis para llevarnos, de 15 en 15 personas y tras recorrer 25 km en dirección sur durante una hora, hasta la Boca de Huascayacu. Al llegar a Huascayacu, que en realidad es una playa de río, el día aun no se presenta con sus clarificadores rayos de luz. Un manto de oscuridad llena de misterio el lugar y apenas se puede ver el río delante de nosotros. Esperamos a las embarcaciones durante un buen rato...hasta que llegaron; fueron dos grandes botes a motor que nos llevaron, surcando el río Mayo, hasta el interior de la reserva. Este río tiene un afluente, el río Avisado, que contrastaba con el Mayo por su tonalidad oscura, la cual se debe a la materia orgánica, las raíces y las hojas de las plantas, que se descomponen en sus aguas calmas. La niebla que lo dominaba todo en el ancho Mayo se convirtió en la abundante vegetación que ahora nos rodea. Ya desde hacía un tiempo los pájaros andaban saludado al nuevo día con sus tan diversas melodías. Fueron cerca de 20 minutos en bote, abrigados por la niebla y la vegetación, los que recorrimos hasta llegar a la Reserva, donde nos recibieron una de las familias que la cuidaban. Fue una bendición encontrar hamacas y, mientras esperábamos a que nos sirvan el desayuno, algunos se disponían a dormir plácidamente en ellas. Y el desayuno llegó; créanme, fue uno de los más ricos que jamás haya tomado. Huevos fritos y patacones y de bebida café caliente. Vi y aprendí como se hacían estas delicias llamadas patacones que ya me habían cautivado en Tarapoto. Eran plátanos de la selva que me temo no se encuentran así por así en los mercados limeños, cortados en rodajas y fritos en aceite, luego los chancan con una piedra, los hacen remojar un tiempo en agua con sal para después volverlos a freír. Con ese desayuno disfruté mejor lo que se venía: un recorrido en canoa por esas apacibles aguas oscuras sorteando las raíces aéreas de los árboles que trataban de hacerse paso a como dé lugar en el río; es así como, poco a poco, la selva va renovándose. Las melodías aviarias no nos dejaban y de, tanto en tanto, vimos ardillas y monos pequeños; quizá se trataba de los adorables pichicos. Bajamos de las canoas, muy cerca de una liana que se suspendía desde lo más alto de un gran árbol; muchos se balancearon en ella. Regresamos al albergue de la reserva a almorzar e iniciamos el regreso. De camino disfrutaba de la voz de Vanessa cantando canciones en portugués. El que conducía la embarcación, el dueño de la casa-albergue de la reserva, me comentaba que para la creación de esta reserva de más de tres mil hectáreas fue necesaria una capacitación por parte de Cáritas, y de que en el proyecto están involucradas varias familias, casi todos parientes suyos, quienes tras esa capacitación se dieron cuenta de que el bosque en pie valía muchos más que talado y hecho chacra. Él mismo nos había contado en el albergue que antes de la reserva él mismo cazaba por esta zona, y que lo hacía sin la menor conciencia acerca de los efectos que traía consigo la depredación del bosque.

Por la tarde fuimos a un Orquideario que estaba asentado en las faldas de un monte, donde también había un lindo mirador de caras al Río Mayo. Algunos bajamos para observarlo mejor, pues la vista era espectacular muy a pesar de los desperdicios que podías encontrar en el camino. El ocaso nos extendía sus impactantes tonalidades rosas en el cielo y un fresco viento nos confortaba con su buena temperatura.
Esta misma noche saldremos a bordo de nuestro bus ‘sol peruano’ hasta la ciudad de Lambayeque, nuestro próximo destino.

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