ANCASH : Sechín y las piedras vivientes
Lucía se despidió, regresaba a Lima para ver unas cosas pendientes y se nos volvía a unir cuando lleguemos a la capital.
Un recorrido por Nuevo Chimbote nos mostraba la otra cara de la ciudad, más limpia y ordenada. La iglesia, recientemente construida, lucía su grandeza frente a una plaza con detalles vanguardistas cuyos símbolos alusivos al mar son difíciles de interpretar.
Y fue cuando los cebiches se dejaron ver; fuimos al restaurante de aquel hombre que ayer nos los había ofrecido gratuitamente. Y después de disfrutarlas en grandes platos de donde todos ‘picábamos’ se dio una pequeña reunión para ver si íbamos o no hacia Chavín pues ir hasta allá no estaba dentro del programa y a muchos les ilusionaba conocerlo, aunque el hecho de pagar por hacerlo era un inconveniente. Un historiador, que nos acompañaba para ilustrarnos sobre los Sechín cuando lleguemos allí, hoy por la tarde, nos expuso que Chavín de Huantar sería una experiencia que no deberíamos perdernos por su trascendencia histórica y que aparte del sitio arqueológico podríamos deleitarnos con las vistas de paisajes del lugar. Dicho esto y tras pensarlo un tanto decidimos ir, pagando por ello 20 soles adicionales. Para llegar a Sechín recorremos la costa ancashina hasta Casma y continuamos por un corto desvío. Entramos al museo de sitio para después recorrer una parte del templo perteneciente a esta cultura matriz, incluso más antigua que la misma Chavín. Me dejan particularmente admirada los dibujos labrados sobre las piedras irregulares de los muros del recinto, muros que por cierto son muy grandes. Se logran apreciar hombres mostrando sus armas y a otros tantos, numerosos, cuyas entrañas se escapan del cuerpo al haber sido atacados. Ojos desorbitados, serpientes, brazos y piernas sueltos. Nos dicen que probablemente para causarle un ambiente más místico al lugar jugaban con el fuego y el relieve de las piedras para hacer ‘mover’ los dibujos. No pude sino acordarme de ‘Los ríos profundos’ de J. M. Arguedas cuya admiración por las piedras cuzqueñas llevaban al niño Ernesto a un estado catártico en donde veía a las piedras cobrar vida. Es esta ocasión los rayos solares que se iban con el anochecer que ya nos estaba alcanzando lograban en cierta medida ese efecto… Comenta el historiador que no hay todavía una explicación determinante acerca del porqué de esos dibujos ya que podría tratarse de alguna forma de sugestión hacia los pueblos dominados acerca de la magnificencia bélica de los Sechín, o tratarse también de una ofrenda a los dioses donde los mutilados representan sacrificios para tal fin. Ambas ideas aterran un poco, pero, es cierto, como
también dijo, hay que ver el mundo desde los ojos de la cosmovisión andina para poder entender el verdadero sentido de hacer esos dibujos, de lo contrario podríamos juzgarlos de sanguinarios. Eso me hace recordar cuando nos dejaba alguna espina el saber sobre los sacrificios que los moches hacían para ofrendar a sus dioses, o cuando torturaban a los prisioneros, o en Huaca Rajada cuando al morir el Señor de Sipán sacrificaron especialmente para la ocasión a varias personas que pertenecían al entorno del señor. Es muy fácil ser prejuiciosos sobre otras culturas, es hasta casi inherente al ser humano. Y, por eso mismo y para evitarse desilusiones en torno a la misticidad andina, muchos, como en mi caso, prefieren quedarse tan solo con la visión muy romántica y envuelta de admiración, acerca de estos antiguos hombres latinoamericanos que con la naturaleza mantenían gran armonía.Tuvimos que dejar Sechín y sus intrigantes dibujos para ir a cenar a Casma. Comimos pasta (en peruano, tallarines) y torta que por el cumple de Omar (México) habíamos conseguido. Ahora, a abrigarse bien para soportar el frío que nos espera esta noche.

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