9.04.2008

Viernes 11/07/08


PIURA : La marinera en Catacaos

Catacaos nos recibió con muchas actividades también. Al llegar a esta ciudad nos acompañaron, desde que bajamos del bus hasta la llegada a la plaza, una banda por detrás que entonaba lindas marineras y, por delante, dos niños que la bailaban con paso armonioso; después me enteré que son hermanos. Además, encabezando toda la caravana estaban caballos de paso peruano que, con un derroche de garbosidad, se hacían camino por entre la muchedumbre que se prestaba a observarnos como bichos raros (bueno, exagero). Sin embargo, no podía dejar de ver la coquetería y elegancia con la que bailaban aquellos niños. Ya en la plaza otras danzas se siguieron y allí la pareja de hermanos se lució: simplemente me enamoré de aquel niño, de la expresión de sus ojos y su galantería al bailar; se notaba que habían sido participantes de muchos concursos de marinera. Animaron a Jonathan, el argentino que hacía las fotos para la ruta, a que se arme de valor e ingrese a la pista. Improvisó un baile que nos dejó al menos a nosotros satisfechos por lo graciosa de su intervención.
De allí tocaba visita turística por los alrededores. Nos adentramos a la iglesia principal y subimos hasta el campanario y luego recorrimos la Calle Comercio, siempre acompañados de guías escolares. Aunque ya había pasado por aquí antes, esta vez no pude resistirme de comprar cerámica de Chulucanas a pesar de lo tedioso que se me iba a hacer trasladarlos por toda la ruta hasta Lima. Así pues, anduve con una caja embalada con mis artesanías dentro y de cuando en cuando los ruteros me preguntaban si era la caja de la basura o, ni eso, la colocaban dentro por equivocación.

Tomamos el bus para dirigirnos al complejo Arqueológico de Narihualá. Allí vimos al famoso perro peruano con quien muchos se tomaron fotos. Comimos en Catacaos pero antes tuvimos un tiempito para revisar correos y hablar con familiares y amigos. Mi abuela llegó bien a Lima, eso me alegra.

La noche la teníamos libre y como era la ultima que pasábamos en Piura nos dirigimos todos hacia el Centro. Caminando nomás, para ahorrar en los taxis que a todos lados te cobraban dos soles. Habían intereses compartidos: ir a comer por allí, bailar en una disco, un karaoke o simplemente conversar en la plaza. Muy pronto el grupo se dispersó y quedamos Viki, Victoria (Puerto Rico), David (España), Vanessa (Brasil) y yo comiendo helados y sadwuches en un Mall que encontramos por allí.

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