9.22.2008

Viernes 25/07/08


LIMA : Barranca y la primera civilización, Caral.



Amanece en Barranca; su cielo gris nos da la bienvenida. Afuera la bulla de los transeúntes se hace notar y, al ver a través de la ventana, la informalidad reluce en una gama de colores como sólo los pueden tener los mercados, de ésos en los que sólo un pedazo de costal separa el suelo de lo que comerás en el almuerzo. El panorama logra captar la atención de Silvia, una española. ‘’Créeme, dentro de todo ese caos hay un orden’’, le digo y me contagio a la vez de esa admiración. Al frente hay un hotel donde consiguieron alquilarnos las duchas, lo cual es un alivio.

Salimos para acomodar nuestras mochilas al bus e irnos en él hacia la plaza de Barranca, para una recepción. Probamos de los tamales, que al parecer son muy famosos por estos lares, para ir después a Caral. El camino se hacía eterno; recorremos un panorama desértico en donde el bus se hace paso por un sendero al parecer inexistente pues solo estaba cercado por piedras que desde nuestras ventanillas no se lograban ver con claridad. ‘’Los choferes del bus ya se cansaron de nosotros que nos desvían para desbarrancarnos en cualquier momento’’ se escuchó por allí. Maite pasaba con su cámara filmadora para perennizarnos tal como estábamos, tranquilos y aún con muchos días juntos por delante como para pensar en la despedida. El sol apareció y, al rato, algunas construcciones que se veían a lo lejos. Llegamos a Caral. La recién mentada primera civilización mostraba una serie de templos dispersos en un vasto terreno. Los fogones en las partes más altas de éstos hacían creer en la función religiosa que podrían haber poseído. Antes de recorrer en parque arqueológico y tras observar la pintoresca arquitectura de los baños no pudimos sino tomarnos una foto. Porque, sin broma, después de tantos baños horrorosos con los que nos hemos topado, uno como éste era todo un lujo. Y no exagerando mucho pues accesorios como la puerta, tachos y lavabos estaban hechos de o cubiertos con paja atractivamente decorada. Quizá el mismo asombro nos causen los baños de nuestras casas al regresar a ellas.

Y lo iba a comprobar pronto pues mi hogar estaba muy cerca…Esta noche vería a mis padres y dormiría en mi cama. Cogería la computadora y revisaría el correo. Contaría miles de cosas; una amiga que vive al lado, Khalia, no se cansaría de preguntar...

Y partimos hacia Lima. Al cabo de un rato de distribuirnos en nuestros camarotes en las habitaciones del Colegio Militar Leoncio Prado, en el Callao, sonaría mi celular, mi papá me esperaba en la puerta.

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