LIMA : Hogar, dulce hogar
Y se hizo de noche y toda la familia nos subimos al auto para enrumbarnos hacia el Callao. Recogimos en el camino a Lucía quien apareció desde una esquina con su madre y una linda mascota. Unas cuadras más arriba y llegaríamos al Colegio. Fuertes abrazos, recomendaciones y los mejores deseos no dichos pero sí demostrados con tiernas miradas. Sólo un ‘’Llama, si es posible todos los días’’ se le escapó a mi abuela. Últimos besos y un hasta pronto, cuídate.
En las habitaciones ya todos estaban listos para tomar el bus hacia Pampa Galeras. Pasando por Pisco recogeríamos alrededor de las tres de la madrugada a los que se animaron al fin visitar Paracas. ‘Sol Peruano’, el bus que nos había acompañado desde Piura se había marchado ya con la alegría de los choferes de dejar por fin a tan revoltoso grupo de extranjeros; pero sobretodo para ir a ver a sus familias que dejaron en el norte. De ahora en adelante andaríamos en diferentes carros.
Partimos a las 10 de la noche. Covadonga, la de las dotes flamencas, se sentó a mi lado y mientras me hablaba de la historia española reciente veía a través de la ventana la ciudad de Lima, la que dejaría de ver nuevamente.

