LIMA : Hogar, dulce hogar
Hoy es día de museos, de paseo por el Centro Histórico y de compartir con la gente limeña el espíritu de las fiestas. Mis planes son otros. Iré a casa después de desayunar. Estaré hasta mañana por la noche, que partimos hacia Nazca.
Lucía también va a casa. Algunos estuvieron pensando en qué hacer estos últimos días en Lima. Ir a la Reserva de Paracas era una opción; eso o sobrevolar las líneas de Nazca que no era menos atractivo. Por mi parte no me inquietaba la idea pues de hacerlo, como peruana estas fechas no son las adecuadas por los precios sobrecargados por ser alta temporada de turismo.
8:00 pm. Caminé unas cuadras desde el Colegio Militar hasta el paradero y mientras me alejaba una extraña sensación se apoderaba de mí: Era cruzar el límite entre un mundo en el que me había metido desde hace tres semanas y la realidad y su envoltura de monotonía. Se me hicieron insoportables las curvas de la carretera, los semáforos, el smog tan terriblemente obvio, el frenar en cada paradero; un mundo al cual me había acostumbrado gracias al paso de los años se me atravesó de lleno en esa hora y media de mañana en un colectivo. Hasta que llegué. Me permití dormir un par de horas hasta el almuerzo, qué almuerzo, como sólo el hogar te lo puede brindar.
Y la tarde y la noche pasaron, velozmente. Revisado el correo y compradas algunas cosas disfruté de un domingo en casa más.

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