10.30.2008

Sábado 26/07/08

LIMA : Pachacámac y el Parque de las Aguas

Fue un salto a la realidad llegar a casa. He pasado cerca de tres semanas fuera y a mí me parecen una eternidad. Tantos acontecimientos, tantas nuevas experiencias hicieron que simplemente el tiempo se alargara, cada minuto, cada segundo…

Hoy salí temprano de casa en dirección al Colegio Militar. Las actividades continuaban y no me perdería de ellas. Al llegar encuentro a la gente dispersa tratando de relajarse un poco mientras se decide qué se hará ese día. Algunos aprovechan para mandar sus ropas a la lavandería o improvisar cordeles para tender los que acaban de lavarse. La unión hace la fuerza, lo demuestran las chicas quienes en la habitación que nos han dado colocaron dos armarios a cierta distancia desde donde amarraron pitas a manera de cordel tras unos minutos de largos y coordinados intentos. Un Juanma asechado por las manos inquietas de algunas chicas se deja trenzar su larga cabellera; me uno a la proeza y me apodero de algunos mechones.

Por fin nos dicen qué haremos: Iremos a Pachacámac; pero antes almorzamos. El amplio comedor del Colegio Militar nos recibe con papa a la huancaína y tallarines (pasta), lamento lo último pues no aprecio pastas más que las de mi abuela hechas en casa. Muchos no están aquí porque aprovechan Lima para salir de compras o, en el caso de algunos de los peruanos, visitar familiares.

Omar es limeño y amigo hasta hace poco sólo de forma virtual de Vanessa, la chica de Brasil, y nos acompañó hoy en el recorrido. Es un bus universitario el que nos saca del colegio para atravesar la ciudad desde el Callao hasta Lurín, lugar donde está el Parque Arqueológico de Pachacámac. Un nuevo rostro es el de Guadalupe, de México, que se unió justo ayer a la ruta. De camino algunos se quedan para hacer compras. El trayecto se hace largo y las periferias de Lima logran captar la admiración de muchos: esas casas de triplay y esteras encaramadas desordenadamente en las laderas de los cerros, desafiando al frío invernal que las apaña; la Lima que no ven en Miraflores y la que no verán probablemente, una realidad que no cabe en los afiches de turismo. Es una Lima nueva y en constante crecimiento. Llegamos a Pachacámac. Un museo de sitio, artesanías y un gran recorrido a través de sus parajes. Un Acllahuasi o casa de la vírgenes y un hombre manobriando un telar artesanal que forma con la ayuda de una destreza y paciencia excepcionales, bordados bellísimos. Perros peruanos sin pelo, un profundo olor a mar, la gran panza de burro (como denominamos aquí los limeños a nuestro cielo en estas épocas) arriba y, a lo lejos, más de esa Lima de crecimiento horizontal, de casas pequeñas y de miles de tonalidades que se mezclan con la arena.

Regresamos al Colegio. Es sábado y la Capital peruana nos tiene que sorprender con algo interesante. El punto inicial es el Parque de las Aguas. Los que fueron a comprar ropa muestran sus adquisiciones las que incluyen las que se pondrán esta noche; los pantalones cargo, los canguros y los sombreros de ala ancha piden ser guardados muy al fondo en la mochila. Otros no se hacen de problemas y prefieren la comodidad de la ropa de expedición. La ostentosidad de esos juegos de aguas sorprende a muchos aunque fue un problema hallar a los chicos entre tanta otra gente. Imposible mantenernos unidos. Lucía apareció y Viki se encontró con su papá en algún momento en el que la perdí de vista. Adrián estaba preocupado por Ricardo (Bolivia), Álvaro, Cecilia y Diana que se habían perdido en algún momento mientras recorrían Lima esa tarde. Una llamada al celular de Cecilia apañó la
preocupación, pues no se habían perdido sino que fueron sin decir nada a la casa de un familiar de ella. Resuelto el problema y con mucha noche por aprovechar fuimos hacia la Calle de las Pizzas. Abordamos dos colectivos tipo couster donde entramos todos apretados, como un limeño de a pie más. Un tráfico terrible, coches atravesándose por doquier y reggeaton escuchándose muy alto por la radio acompañaron el recorrido. Llegamos y pronto la gente se dispersó; lo que sí era claro es que debíamos estar frente al Parque de la Reserva a la 1 de la mañana para que nos lleven al Colegio. Unos cuantos optamos por comida rápida y por pasear por allí. El sueño me invadía y apenas cogí el bus de regreso caí rendida; recuerdo que Javier contaba chistes de Charlie Brown, recuerdo también que me arrepentía por no haberme metido a alguna disco a mover el cuerpo aunque sea un poco.

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